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Compro: tiempo (se paga en cómodas cuotas con o sin interés)

Foto del escritor: Eli Brandi
Eli Brandi
3 may 2025
3 min de lectura
"Todos juramos que no nos iba a comer el sistema y de repente ahí estamos, anhelando un poquito de la magia de lo simple, rogando que alguien en Mercado Libre (o en Temu [...]) nos venda un poquito de tiempo en cómodas cuotas"

Uno se pasa la vida entera buscando algo por lo que valga la pena vivir. O, tal vez, algo por lo que valga la pena morir. ¿Acaso pensamos todo el tiempo en el objetivo final de nuestra existencia en lugar de tratar de darle sentido al proceso?


Soy consciente de que tengo la inevitable tendencia a sobrepensar las cosas, incluso lo más cotidiano. Sin embargo, ¿alguien se atrevería a negar que no existe nada más retorcido que el invento del tiempo? Ese concepto que creamos para intentar –infructuosamente– darle sentido a ese continuum del que somos parte o, mejor dicho, que es lo que somos… siendo que en realidad no existe.


¿Qué es el pasado, si ya no existe? ¿Qué es el futuro, si todavía no ha llegado? ¿Y es el presente simplemente ese instante en el que respiramos sin saber exactamente qué sucesos se están alineando para sucedernos, como si se tratara de la cola de eventos de un Sim? No estoy segura, pero el tiempo es un tema fascinante. Si consideramos que, sea lo que sea el tiempo, es la esencia de la que estamos hechos, entonces es la posesión más valiosa que tenemos. Y no, no lo pienso en términos de “el tiempo es oro”; para nada. Creo que el oro, el dinero, es uno de los grandes delincuentes del tiempo cuando lo volvemos un fin y no un medio.


Leía una vez un post en el que se decía que, cuando alguien afirma querer ser rico, en realidad lo que desea es poder pasar más tiempo con su familia y seres queridos, poder hacer más por ellos, apagar el despertador, no tener que luchar por lo básico. Y ahora mismo, cuando me encuentro varada en el paraíso que me construí a mí misma y del cual quería disfrutar, pero del que me siento prisionera, puedo entender especialmente el significado de esa publicación. Pienso en cuántas personas han pasado su vida luchando para que a los suyos no les falte nada, solo para darse cuenta de que al final lo que les faltó fue su presencia, su compañía, su apoyo. Es verdad que de amor no vive nadie, pero sin él, tampoco.


No me atrevería a romantizar la pobreza, aunque es cierto que muchas personas han crecido en hogares muy pobres y tienen buenos recuerdos de su infancia y su vida en familia. A pesar de haber sido dicha en un mal contexto, recuerdo una observación de mi padre: ¿cuánto tiempo de nuestra vida hemos dedicado a tener tal o cual cosa? Lo que intercambiamos por dinero es nuestro tiempo, todo lo que somos. No intento hacer con esto una apología de una vida ascética o de ser una carga para otros, sino simplemente caer en la cuenta del precio que pagamos por nuestras prioridades.


Realmente estamos muriendo desde el momento en que nacemos, y difícilmente nos encontremos en una situación de vida o muerte como la entendemos por influencia de las películas. De modo que, en realidad, cada decisión que tomamos deja de manifiesto por qué cosas o personas nos vale la pena vivir, o morir.


¿Una casa enorme para que los niños tengan cada uno un cuarto en el cual dormirse sin papá o mamá que los acompañe por estar trabajando? ¿Un celular más caro desde el cual no responder los mensajes de un amigo o familiar porque se está ocupado? ¿Un auto nuevo que no verá nunca una ruta enmarcada por verdes campos o aire de mar, y se verá condenado a calles estrechas y bocinazos de hora pico?


De una manera u otra, hemos perdido de vista qué es realmente “tener una vida mejor”. Y ojo, no demonizo a nadie. Todos juramos que no nos iba a comer el sistema, y de repente ahí estamos, anhelando un poquito de la magia de lo simple, rogando que alguien en Mercado Libre (o Temu, que nos promete la experiencia de comprar como millonarios, aunque no garantiza ofrecer lo único que nos convierte en ellos de verdad) nos venda un poquito de tiempo en cómodas cuotas. Como Osías, el osito en mameluco, que en un bazar de calle Chacabuco quiso comprar “(...) tiempo, pero tiempo no apurado / Tiempo de jugar que es el mejor / Por favor, me lo da suelto y no enjaulado / Adentro de un despertador”.


Total, a diferencia del osito del que nos hablaba María Elena Walsh, de cuyas lecciones nos hemos olvidado tan mezquinamente, nosotros tenemos tanto alcancía como antojo, ¿no? Y si no, tarjetas de crédito o formas de pago sobran… incluso si aquello con lo que vamos a pagar es exactamente lo mismo que vamos a comprar.



 
 
 

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