La maldición (? de la escritura como ejercicio

Hace no mucho hablé del mito de la inspiración y no me arrepiento. Sin embargo, hoy que me encuentro frente al teclado, sin mucho para escribir, pero con un calendario y una agenda de trabajo mirándome desde mi organizador en la pared a mi derecha, desearía que no fuera tal. Al menos, de esa manera tendría una excusa para no sentirme tan frustrada por haber demorado horas en escribir poco más que una carilla.
Tal vez estés pensando: "¡Bueno, pero nadie te obliga! ¿No escribís por placer? Dejalo y volvés en otro momento". Y tenés mucha razón. Todos lo hemos pensado. De hecho, no es bueno hastiarse tanto que a uno le duela el estómago ante la hoja en blanco. Esa figura tiene que albergar siempre el universo en sus entrañas, y el milagro de poder sacarlo a fuerza de deslizar los dedos no debe perder el encanto. Pero sería hipócrita quedarme en ese lugar después de desmitificar la inspiración.
Desde que el año pasado decidí darme una chance de vivir la escritura a pleno, me di cuenta de que hasta lo que uno más ama implica disciplina. Tremenda cuestión para un ser tan poco disciplinado como yo. Y tal vez como vos. La disciplina parece mala palabra en un mundo indulgente y dispuesto a ofrecernos diez mil millones de recursos en medio segundo para distraernos. No te digo nada nuevo si te hablo de la satisfacción inmediata. Escribir es todo lo contrario, me atrevo a decir que como todo lo que vale la pena. Casi nada que valga la pena realmente nos muestra sus resultados a corto plazo: cambiar los hábitos por unos más saludables, una relación duradera, el ejercicio, la educación, los pasatiempos... Nada de eso nace ni se domina de un día para el otro, y se presentan muchísimos escollos. Pero estoy segura de que lo último que piensa una persona antes de morir no es que le quedó un reel sin mirar o que tendría que haberse comido el helado que guardó para después (tengo mis dudas con respecto a esto último porque yo seguramente sí lo pensaría),. Cuando nuestra vida está en juego, solo lo más fundamental se nos presenta. Y parecemos ignorar, o querer ignorar, que nuestra vida está en juego todos los días. Despertarnos es un milagro y nuestro único recurso real es el tiempo.
El tiempo se organiza en prioridades. Si yo digo que mi prioridad es escribir, no puedo darme el lujo de que pase un día sin dejarlo claro. Esto aplica a todos los ámbitos de mi vida: si digo que mi prioridad es mi familia, pero no lo demuestro, ¿lo es? Si a la primera de cambios elijo algo más sencillo, ¿estoy siendo honesto conmigo mismo? A veces tenemos prioridades políticamente correctas de la boca para afuera. No se puede juzgar: también el sistema nos empuja un poco, entre tantas frustraciones, a darnos aunque sea una recompensa por sobrevivir. Sin embargo, sobrevivir no es vivir. Estoy diciendo un montón de obviedades que espero alguien necesite leer. Yo lo habría necesitado en más de una ocasión.
Ella, mi novela actual, me mira con reproche en una pestaña adyacente a la que se está llenando de un montón de palabras fuera de guion. No puedo darle tanto de mí hoy, pero no dejo de escribir. Aunque sea una carilla, aunque sea un renglón, cumplí con ella y conmigo misma. Ese calendario no se ve tan atemorizante. Mis diez páginas semanales a veces se cumplen en un día y, a veces, en una semana, con esfuerzo. Entonces recuerdo que yo decidí esto y que, a pesar de lo difícil que puede volverse a veces enfrentar el milagro de la hoja en blanco, yo tengo el control. Por primera vez en mucho tiempo, yo decido, y me inclino por un camino cuyos resultados completos no voy a ver por mucho tiempo. Un bosque no aparece de la noche a la mañana (al menos no naturalmente). Hoy por hoy apenas hay brotecitos, pero son míos, fruto de mi amor y los pequeños pasos que he dado. ¿Darme el lujo de la indulgencia? No. No hoy. Porque ya va a haber tiempo de disfrutar de la sombra de mis arbolitos, pero todavía no es la hora. Ahora hay que ensuciarse las manos, obligarse un poco, y terminar cansados, sí, pero con la satisfacción de cumplir con uno mismo. No hay muchas satisfacciones más grandes en esta vida.
Si querés saber más de Ella y mis demás proyectos de escritura, tocá el siguiente botón:



Comentarios